Historia Confesional

La Iglesia Nacional Presbiteriana de México tiene su identidad definida por la obra  providente de Dios de manera directa y por medio de sus hijos y siervos, instrumentos suyos que hicieron su voluntad y cumplieron sus instrucciones. Nuestra historia inició en octubre de 1872; y en todo este tiempo hemos sido dirigidos por la mano soberana e invisible de Dios que, paciente, cumple su propósito en nosotros hasta hoy, de modo que estamos frente al inminente cumplimiento de 150 años de una historia denominacional de amor que tiene como marca visible el cuidado diligente de Dios.

Como Iglesia Nacional Presbiteriana de México A.R. somos una Iglesia Cristiana de Teología Reformada Calvinista, la cual nace en Escocia en el año 1560, siendo precursor de esta John Knox, y que sostiene la doctrina de la Soberanía de Dios de manera esencial, la autoridad e inerrancia de la Biblia como Palabra de Dios y regla de fe y práctica de todo cristiano. Somos una iglesia confesional adherida a las confesiones de fe históricas que le dan sentido y forma a nuestra estructura doctrinal y vida cristiana; la formulación de nuestras doctrinas es observada por nuestros símbolos doctrinales que están deliberadamente alineados con las Sagradas Escrituras: la Confesión de Fe de Westminster y sus Catecismos Mayor y Menor, el Catecismo de Heidelberg, el Catecismo de Ginebra, los Cánones de Dort, la Institución de la Religión Cristiana, la Confesión Belga, la Confesión de fe de la Iglesia de Escocia, la Segunda Confesión Helvética, y los Credos Apostólico, Niceno, de Atanasio y de Calcedonia; todos estos símbolos doctrinales establecen el contexto de nuestra iglesia para mantenerla cerca de la Palabra inspirada de nuestro Dios; además, contribuyen a mantener un sentido de continuidad histórica y de unidad en una misma fe.

En el año 2022, cumpliremos 150 años del inicio de nuestro peregrinar de fe comandado por nuestro Rey y Señor Jesucristo, y 75 años de la organización de la RESPETABLE ASAMBLEA GENERAL DE LA IGLESIA NACIONAL PRESBITERIANA DE MÉXICO. No hemos llegado, pero oímos la prístina voz del Señor diciéndonos: “Levántate y come, porque largo camino te resta” (1 Reyes 19:7).

El Señor siga usándonos para ser la iglesia que él quiere que seamos hasta la esperanzadora llegada de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Amén.